EL AGUA TIBIA MOJA
Hallazgos colombianos para rasgarse las vestiduras
Publicada en El Espectador Marzo 28 de 2017
Eso de emitir alaridos porque Odebrecht penetró la política, o, no sabemos, los políticos cooptaron a Odebrecht, me parece un espectáculo mediático de los malos. No pretendo banalizar lo descubierto por las autoridades estadounidenses. Además, desde hace mucho en Colombia la corrupción se banalizó, no sólo política sino socialmente. La asociación entre política y corrupción forma parte del conocimiento de sentido común de los colombianos, y también del conocimiento ilustrado.
El asunto está tan institucionalizado que dentro de los documentos que se allegan en cada licitación, los posibles contratistas adjuntan el conocido CVY (Cómo voy yo), a sutil petición del oferente o motu proprio. Ayúdate que yo te ayudaré. Para algunos es economía solidaria, no corrupción.
Ciertamente no es un asunto de almas extraviadas, hermanos míos. ¿Acaso no se han descubierto carteles o carruseles de la corrupción-contratación desde hace décadas?, ¿o será que la gente cree que es un asunto de telenovelas o un juego multitudinario? ¿Y lo del tamal y la teja? Aunque se hayan convertido en un asunto casi folclórico, no significa que sean algo irrisorio. Tal vez en su valor o en su tamaño… pero es y ha sido una corrupción socialmente extendida y consentida por acción y omisión. Y por muchos.
Los financiadores privados de las campañas no son de hoy. Siempre han existido. Acaso, almas incautas, creen que es un aporte sin ánimo de lucro, o un invaluable y gratuito aporte a la democracia?. Y entonces… ¿cuál es el lío ahora? ¿Que los dineros no fueron reportados? ¿Que se pasaron los topes? Sí. No sé cuál es la modalidad delictiva, pero en todo caso, es juego sucio e ilegal. Pero acaso alguien duda de que siempre se violan los topes? Acaso todos nos acabamos de enterar? De veras?
A partir de qué límite estas conductas, harto conocidas, son indignantes… ¿De qué depende? De la “gravedad” del ilícito: O sea, del cargo del involucrado? Del carisma del personaje? De si fue empresa colombiana o extranjera? De si el monto sobrepasó sus “justas proporciones”? De si el implicado fue el triunfador o el perdedor? (Para algunos periodistas de la moral y las buenas costumbres hay una enorme diferencia. Salud!) De si la “denuncia” mediática se difundió en los canales de mayor audiencia, o de si fue en la red independiente?
Sí. El problema de la corrupción es grave desde hace mucho tiempo, y desde hace mucho tiempo también, es un asunto sin una real sanción legal, y mucho menos una sanción social o política. Los partidos políticos dan su bendición a candidatos sospechosos pese a las denuncias y/o a las investigaciones disciplinarias o judiciales en curso. Somos magos de la presunción de inocencia contra todas las evidencias. Y del otro lado, cuántas veces han recibido cientos de miles de votos, o incluso, han sido electos personajes de los cuales nadie ponía en duda su turbia proveniencia, o su non sancto actuar. La gata y su gatito, por ejemplo; el poco discreto de Calzones… Incluso con videos del candidato incurriendo en ilícitos de diferente orden o sencillamente jugando sucio, la gente les ha dado su voto. ¡Y muchas veces sin recibir nada a cambio!
Hay más. Hay muchos motivados por un exprocurador que fue electo gracias a su accionar corrupto, como se pudo comprobar, y que tiene la osadía de encabezar la protesta por los negocios turbios entre políticos y Odebrecht (negocios que, él mismo, se negó a investigar durante su período). Qué decir de un expresidente quien se autoengañó con sus candidatos Santos y Zuluaga. Eso para no hablar en zona franca, perdón, en plata franca, sobre el buen ojo en los negocios de sus buenos muchachos o sus buenos hijos. El cinismo en la política finalmente no me extraña. Lo que me aterra es la mezcla de cinismo e ignorancia de quienes siguen a estos personajes.
Yo no sé si sean las medidas adecuadas el voto obligatorio; la financiación total de las campañas por parte del Estado, el fortalecimiento de las veedurías ciudadanas, el incremento de las sanciones disciplinarias, etc. Pero sí toca tomar medidas pronto. La desconfianza ciudadana en los políticos se ha transmutado en incredulidad en la democracia, y en ese desencanto, la política (la de los programas, los debates, las propuestas) ha sido reemplazada por el marketing y el feeling, el odio y el prejuicio, el voto de unos pocos, y las fórmulas totalitarias.
Ya empieza Semana Santa… ¡rasguémonos las vestiduras, lavémonos las manos y a rezar! Porque el que peca y reza empata… o hasta de pronto, gana.
Por María González
Investigadora Social
En: http://www.elespectador.com/opinion/hallazgos-colombianos-para-rasgarse-las-vestiduras-columna-686835
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